2 vestidos para Meghan

Christian Dior decía de Balenciaga: “Él hace lo que quiere con los tejidos, nosotros hacemos lo que podemos.” Esta frase tan conocida, le puede servir de motivación a Clare Waight Keller, directora creativa de Givenchy Paris desde 2016. La diseñadora británica no es nueva en el mundo del lujo, es un talento emergente en la alta costura y, sin duda, una persona valiente al aceptar la enorme responsabilidad de crear el traje para la novia más importante del año, la prometida del Príncipe Henry of Wales, Meghan Markle.

1. El vestido

La magia de la alta costura está en crear la silueta que la mujer quiera tener.

Y sigo parafraseando al maestro Balenciaga: “Una mujer no necesita ser hermosa, el vestido lo hará por ella.”  La intención plasmada en los sketches iban en la buena dirección pero hasta llegar a la confección de la alta costura, el camino resulta complejo. El diseño de Waight Keller tuvo en cuenta la estatura de Meghan y su silueta de tipo rectangular. En sus figurines se aprecia cómo corrige ese punto de partida destacando su principal punto fuerte (hombros), creando el efecto de tener una cintura más estrecha y resolver en una falda de suave línea A bien estructurada, que le diese un porte femenino y aristocrático.

Pero después de las buenas intenciones, veamos los resultados.
Creo que la elección del tejido no fue acertada, por que la seda tipo cady de doble ligamento es un tejido con mucho cuerpo, demasiado pesado para ese diseño y el mes de mayo en particular. Apenas salió del coche, se vieron los primeros defectos: las arrugas en la manga, la falda y la cintura, un adelanto de otros fallos pues la pieza frontal quedó algo corta, ya que todo el bajo debe caer a ras del suelo y no mostrar nada del interior, pliegues, can-can, enaguas, nada.
El velo, lo comentaré más adelante.

Es una pena que la falda no se confeccionara como estaba diseñada en los figurines, da la sensación de que se improvisó cierto efecto sirena estrechando  ligeramente en la línea de los muslos provocando que todo el vestido se deformase, principalmente al caminar, haciendo que los pliegues laterales se girasen hacia adentro rompiendo la simetría y la armonía de la imagen (una metáfora elocuente para una novia excepcional que camina sola hacia el atrio) y la cola del vestido parece aún más corta de lo que ya es. Además, como ocuerre con todas las novias, era necesario que la diseñadora colocara pefectamente la cola del vestido y el velo durante los segundos que suena la fanfarria anunciando la entrada de la novia, para que al inciar la marcha se la viera perfecta.

Una vez en el altar, se vieron los errores más acusados: el cuerpo y las mangas mal ajustadas por que las últimas, debido al tejido tan estructurado, en lugar de francesas, debieron ser de tipo sastre para acompañar la forma del brazo y relajar la tensión del gesto. Errores imcomprensibles tratándose de alta costura.

El segundo vestido hecho a medida por Stella McCartney , la mayor representante de la moda ecológica y sostenible de Inglaterra, repite el mismo concepto (destacar hombros y silueta femenina), y añade un toque sexy con el escote halter, la espalda descubierta y la falda sirena, adecuado para un acto privado. El color opaco le favorece más y la textura pesada pero fluida del crêpe de seda ayudan a que el resultado final sea simple pero espectacular.

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El segundo vestido, de Stella McCartney, dibuja una silueta impecable 

2. El velo

Símbolo de pureza, expresión de modestia y escudo para ahuyentar a los malos espíritus, el velo nupcial lleva asociados un conjunto de atributos que están presentes en culturas de todo el mundo y han perdurado a través de los siglos. Aunque no son los únicos, dado que también indica el rango de las familias contrayentes, el carácter religioso de la unión y la castidad de la  novia.

Dado que la familia de naciones que forman la Commonwealth—de la que La Reina es jefa—será el centro de las actividades oficiales de la pareja en el futuro (Harry fue nombrado Embajador de la Juventud para la Commonwealth), Meghan quería expresar su gratitud por la oportunidad de apoyar su trabajo haciendo referencia a los 53 estados miembros en el diseño de su traje. Partiendo de esa idea se eligieron los símbolos florales de todos los estados para bordarlos en el perímetro del velo. Cada flor se bordó sobre organza y se aplicó al velo de tul con hilo de seda. Las trabajadoras dedicaron cientos de horas a coser meticulosamente, lavándose las manos cada media hora para mantener el tul y las puntadas impolutas.

El velo de 5 metros, es decir, la mayor longitud conocido como el estilo Royal. Diana Spencer llevó uno similar el día de su boda y aquí empieza la lista de diferencias: Diana era casta en el estricto significado que exigía la Corona en 1981, en cambio Meghan es una mujer divorciada; Diana se convirtió en Princesa de Gales, rango superior al de duquesa; fue una boda de Estado por casarse con el heredero de la Corona, mientras que Harry, por el momento, es sexto en orden de sucesión; la boda se celebró en la monumental Catedral de Saint Paul, mientras que Windsor es una capilla (casi) familiar donde ni siquiera se puso alfombra. Lo más apropiado—le hubiese aconsejado—era mostrar un gesto de modestia y respeto ante su nueva condición, algo que Catherine Middleton ha sabido llevar a la perfección.

Desde la perspectiva del diseño, un velo suelto de tul de 5 metros de largo es dificil (o imposible) de mantener en su sitio, especialmente, si ni siquiera tiene un punto de apoyo como suele ser la cola del vestido y tampoco tiene el cuidado de una persona que acompañe el cortejo, sino dos niños que actúan de pages. Lo normal es lo que ha ocurrido, que la novia esté pendiente del velo, que se enganche por los rincones y quede arrugado y descolocado en el atrio durante una ceremonia televisada que vieron billones de personas. OH, MY GOD!

El efecto final se podía conseguir igualmente, incluso reduciendo el tamaño, y adaptarlo a los 2,30 metros del estilo Chapel, más armónico y manejable.

Royal Wedding

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El peinado despeinado y la adicción a las pestañas postizas de muchas mujeres americanas lo podemos dejar en un plano más anecdótico que criticable, pero lo que “encendió” a las redes sociales, fue que pareció que los novios se habían saltado el protocolo y no saludaron a SM la Reina al salir de la Capilla Real. En realidad, sí hubo reverencia pero la realización hizo un cambio de cámaras que impidió que se viera claramente y los 3 segundos que dura la genuflexión apenas se aprecian en la toma cenital.

Se dice que la boda marca el destino de la pareja. Los fallos y desencuentros en la boda de Diana se cumplieron inexorables. Esperamos que los duques de Sussex no sean supersticiosos, y sean felices para siempre.

 

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