Hojas de lencería

​El cambio de temporada no se nota solamente en los escaparates de la tiendas.

La llegada de la primavera marca la renovación de la naturaleza, el retorno de la luz que anima el crecimiento de los seres vivos y activa la creatividad de los humanos.

Un par de meses antes, cuando llegó 2018, me encontré con una higuera completamente desnuda que atrajo mi atención como nunca antes. Ese aparente agotamiento del árbol me cautivó hasta tal punto, que me senté a acompañarla bajo sus ramas grisáceas y, libreta en mano, compartí algunas horas del pálido sol del invierno con el pretexto de completar unas cuantas historias que hacía tiempo no conseguía terminar.

Simpatizamos tanto que me interesé por su historia y significados; este post es el resumen de lo que descubrí:

La higuera es un árbol muy ligado al Mediterráneo y uno de los más cultivados por el ser ­humano, cuyas muestras fósiles encontradas en el valle del río Jordán datan del año 12.000 a.C. Para los helenos, el higo era un símbolo de honor y vigor tanto que en los primeros Juegos Olímpicos se coronaba a los atletas con sus hojas y como premio les entregaban higos para comer.

Las higueras y sus frutos son un tema recurrente en muchas las religiones.

Durante las bacanales, fiesta en honor al dios romano Baco, los guerreros portaban un falo tallado en la madera de la higuera, y las jóvenes se adornaban con higos cortados en forma longitudinal, siguiendo el estilo de los antiguos grabados que presentan a la diosa Ceres, diosa de la madre tierra o diosa de la agricultura, con un higo cortado por la mitad.

En el Imperio Romano, los fundadores de Roma, los gemelos Rómulo y Remo fueron amamantados por una loba bajo la sombra de la higuera ruminal o Higuera de la diosa Rumina, protectora de las madres lactantes y de las hembras de los animales, que presidía la crianza de los niños y recibía ofrendas de leche en su templo al pie de la colina Palatina; el botánico romano Cayo Plinio el Viejo en el año 29 d.C. lo define como el árbol sagrado de la vida por excelencia.

Cleopatra fue envenenada por una serpiente aspid que llegó en un cesto de higos. En la cultura Mesopotámica lo calificaban como el árbol del conocimiento; decían que los numerosos granos que contiene el higo simbolizan la unidad y universalidad del conocimiento del ser humano.

Fue el árbol sagrado bajo el que Buda recibió la iluminación.

Es el primer fruto que se menciona en La Biblia, y algunas tradiciones creen que fue el fruto prohibido en el Jardín del Eden. En el Quatrocento, los pintores italianos representaban a Adán y Eva cubriendo su sexo con una hoja de higuera, lo que las convierte en la primera prenda de lencería. En la Europa medieval, los nobles comían el Tailliz, o pastel de higos asados en la hoja de laurel durante la cuaresma.  Pizarro llevó este árbol a América en 1532 y ordenó que cada familia pudiera sembrar una higuera.

También se dice de las higueras que tienen poderes sobre la vida cotidiana, tanto positivos como negativos. Para las mujeres Kikuyu en África untarse con su savia les asegura fertilidad; en India es un árbol sagrado que representa la fuerza y la vida, así como el conocimiento adquirido tras la meditación. En cambio, en Bolivia y Nueva Guinea creen que los espíritus ladrones de almas viven en las copas de las higueras y pasar por debajo o talarlo produce enfermedades.

A sus frutos se les asocia con la abundancia, la fertilidad, la iniciación sexual y la buena fortuna. Si nos regalan este fruto será bueno recordar todo lo que simboliza: prosperidad, fertilidad y fortuna.

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Mosaico (siglo IV) de Rómulo y Remo amamantados por la loba bajo la higuera.
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Imagen de Cleopatra en un dracma de plata (siglo I).
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Cabeza de Buddha, nadie sabe cómo ni porqué apareció en la raíz de la higuera (Thailand).
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The Fall of ManCornelis Corneliszvan Haarlem (1592) óleo sobre tela.
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