Oscar de la Renta contra Michelle Obama

El año comienza agitado para FLOTUS (First Lady of The United States), con la visita  oficial del Presidente de la República China, el Sr. Hu Jintao, muy esperada por sus implicaciones políticas y económicas para ambos países.

La cena de gala en la Casa Blanca, reunió al más alto nivel de representantes y la anfitriona eligió un vestido de la británica Sarah Burton para Alexander McQueen, con drapeado geométrico en tonos rojo-anaranjado—un claro homenaje al país visitante—de estampado floral. La calidad del tejido y la complejidad del patrón sitúan su precio entre 7 y $8.000, pero no fue ese el motivo de controversia.

El vestido era espectacular, tanto por el colorido como por la forma, y añadía un toque de sofisticación tal como no había lucido Michelle hasta entonces. Sin embargo, recibió duras críticas de parte de muchos diseñadores por vestir con prendas no-americanas en una cena de Estado, entre ellos, Óscar de la Renta y Diane von Furstenberg.

Oscar de la Renta viene a subrayar lo que es un típico fallo de protocolo.

El aspecto, la apariencia, la buena presencia, el porte son mucho más que una parte de nuestra imagen personal. Vestir inteligentemente añade valor a la persona, ya que el vestuario adecuado genera confianza e indica que quien lo lleva, sabe.

Para tener buena imagen (personal, profesional o, como en este caso, institucional), es necesario tener en cuenta un conjunto de premisas inseparables:

  • Qué tipo de acto, evento, reunión, actividad es el que requiere nuestra presencia, es de caracter privado, público, social, institucional, académico, político, litúrgico, etc.
  • Quién convoca, quienes asistirán, cuál es el rol que uno deberá desempeñar (anfitrión, invitado, protagonista, acompañante, etc.) Aquí voy a citar al diplomático español José Antonio de Urbina, reconocido experto en protocolo, que pone énfasis en el mensaje que transmitimos mediante nuestra presencia, en aquello que las personas “ven, oyen, sienten y piensan al vernos y oírnos”.
  • Dónde tendrá lugar el acto, desde el punto de vista físico y geográfico.
  • Cuándo se realizará, hora del día, estación el año.

Si tenemos en cuenta estas 4 sencillas premisas podemos afirmar que desde el punto de vista estético, Michelle Obama estaba impecable y favorecida como pocas veces nos tiene acostumbrados a verla. El vestido de organza de seda estampada rojo “buena suerte,”  diseñado por la británica Sarah Burton para Alexander McQueen, esculpía su figura y perfeccionaba su silueta trapezoidal original.

Sin embargo, tratándose de una anfitriona institucional, que agasaja a unos huéspedes del mismo rango y cuyo principal motivo de encuentro es el intercambio económico, su elección no ha sido acertada y coincido con la opinión del diseñador dominicano.

Acaso ¿os imagináis a Isabel II vestida de Prada, a Carla Bruni de Carolina Herrera, o Antonella Versace de Gucci? Y en un entorno más cotidiano, ¿podría una dependienta de Zara vestir de Mango o Desigual en su jornada laboral?

En mi opinión, el elegido no debió ser otro que el texano Mr. Tom Ford, un diseñador sofisticado y especialista en vestir a mujeres con caracter.

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Me gustaría conocer vuestra opinión: ¿Quién créeis que debió vestir a la primera dama?

Podéis leer la noticia completa aquí mismo.•

 

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