Blancas y radiantes desde 1854

La Reina Victoria de Inglaterra fue una pionera y auténtica trendsetter, para decirlo en términos actuales. Sí, el primer vestido de novia blanco no vio la luz hasta 1854 y fue confeccionado para su boda con el príncipe Alberto.

Hasta ese momento los vestidos de novia eran habitualmente negros u oscuros y el blanco se reservaba para el velo de encaje, asociado a la castidad, la pureza y la felicidad en la nueva familia. La reina quería una ceremonia sencilla, pero Lord Melbourne, el primer ministro de la época y con quien mantenía una buena relación, la convenció para que cambiara de idea.

Una decision patriótica.

Victoria eligió su traje en este tono no por los significados tradicionales sino por una razón de estado. En aquel momento, los fabricantes ingleses de encajes estaban haciendo verdaderos esfuerzos para mantener la industria a flote y dado que el blanco era el color que mejor realzaba la calidad de los bordados, pensó que era una buena forma de apoyarles.

Además, la joven reina decretó que nadie más llevase blanco en su boda, volviendo a marcar tendencia esta vez en el protocolo, e hizo destruir el patrón de su vestido para que nadie pudiera copiarlo en el futuro.

El día de su boda, Victoria llevó unos pendientes de diamantes de Turquía, un broche de zafiro y brillantes regalo de prometido Alberto, zapatos de satén, guantes de piel de cordero blancos y una diadema de mirto y flores de naranjo, estas últimas también estaban bordadas en la cola del vestido, como símbolo de fertilidad.

La Reina eligió 12 damas de honor para que la acompañaran en el cortejo, también vestidas con trajes blancos diseñados por ella misma y broches de turquesa con forma de águila. Esos broches fueron un regalo personal de la reina a cada una de ellas.

A pesar de que el 10 de febrero de 1854 llovió muchísimo, la gente salió a la calle para ver el carruaje dorado que llevó a la novia al palacio de Saint James, a pesar de que a Victoria no le gustaba el lugar, la ceremonia se celebró en la capilla real a la una en punto. Después del servicio, se cambió de vestido y se puso un gran tocado para asistir al banquete, que duró hasta las 4 de la tarde. Posteriormente, iniciaron el trayecto de 3 horas hacia el castillo de Windsor (hoy tardarían menos de una hora),  donde pasaron la noche de bodas y los tres días que duró la luna de miel.

El príncipe Albert quería que ésta se prolongara durante dos semanas, pero Victoria le dijo que no podía estar tanto tiempo lejos del trabajo. Sin duda, a sus 20 años, la reina estaba muy comprometida con la monarquía.

La moda de las novias blancas fue imponiéndose lentamente entre las clases altas hasta generalizarse en Europa bien entrado el siglo XX. La innovación no fue recibida con entusiasmo debido a que el blanco era dificil de obtener mediante los procesos químicos de la epoca y mantenerlo limpio, por tanto, solamente las clases adineradas se lo podían permitir. El significado del color también variaba por pasíses, si bien en Roma o Grecia se considerada alegre, en Francia y los países asiáticos se llevaba como luto. En Japón, por ejemplo, la novia lleva 3 vestidos el día de su boda: el primero blanco, como despedida de la casa de sus  padres; el segundo rojo, como renacimiento en la casa de los suegros y el tercero abierto al color de su gusto. Después de la primera guerra mundial se extendió su uso, favorecido por el furor de los locos años 20, cuando todo lo nuevo y diferente era objeto de culto.

1854-Victoria-Albert-reenact

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Honiton lace
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Detalles del cuerpo del traje (Museum of London)
3 shoes queen victoria
Zapatos de seda del mismo satén del vestido
4 eagles-gift
Broches de las damas de honor diseñados por el príncipe Albert 

 

 

 

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